Bats’il Maya, Smart Fish y Sal de Aquí demuestran que un consumo consciente puede sostener a las comunidades productoras y proteger, a la vez, el medio ambiente.

Desde la pandemia, y con fenómenos climáticos cada vez más intensos y frecuentes, como las lluvias que colapsan la Ciudad de México, las sequías extremas y los incendios forestales, el consumidor está tomando conciencia de la importancia de sus decisiones, entre ellas los criterios con los que elige los productos de su alacena.
Elegir un producto hecho con buenas prácticas ya no es solo un gesto ético. Significa sostener una cadena que empieza con un productor que puede seguir trabajando con técnicas sostenibles, cargadas de valor cultural, social y ambiental, y que termina reflejándose en la salud de las personas y del planeta. Son decisiones de consumo que, a largo plazo, sí tienen un impacto.
Bats’il Maya, Smart Fish y Sal de Aquí, tres marcas mexicanas que forman parte del catálogo de empresas de impacto de Evolve, demuestran que una relación comercial justa puede garantizar la continuidad del trabajo de cientos de productores, pescadores y recolectores, y que, al mismo tiempo, sus prácticas ofrecen una alternativa real a los modelos de alto impacto ambiental.
Estas tres empresas trabajan desde la caficultura, la pesca y la recolección artesanal de sal, y cada una fortalece un eslabón distinto de la cadena de comercialización para que el trabajo de productores, pescadores y recolectores conserve un valor tangible en el tiempo.
Las claves de la comercialización, en manos de los caficultores
Bats’il Maya es una cooperativa enfocada en la producción y comercialización sostenible de café orgánico: tuesta y vende directamente café de alta calidad en distintos mercados nacionales e internacionales. Su trabajo se centra en promover un precio justo para las familias productoras tseltales.ç

Miguel Romero, de Bats’il Maya, afirma que, como parte de su trabajo, se esfuerzan por ayudar a los productores a reconocer las prácticas que no son honestas. “De nada sirve que un comercializador le diga a un caficultor ‘te voy a pagar un sobreprecio’, si ese pago se hace en partes. Es una práctica común entre muchos tostadores nacionales: te compran 10 kilos esta semana, 10 la próxima, y así durante todo un año. El interés que debió generar ese dinero durante ese periodo nunca se refleja en el productor. Es un proceso de descapitalización de la familia campesina, que termina subsidiando la labor de las comercializadoras. Nosotros buscamos aliados que entiendan esa parte financiera, social y ambiental, y la importancia de mantener prácticas regenerativas”.
El impacto se cuida desde el origen
Smart Fish es una empresa mexicana, constituida en 2013, que trabaja con pesca sostenible bajo principios de comercio justo. Durante sus primeros años operó como asociación civil (A.C.) directamente con pescadores artesanales en Baja California Sur. De allí nació la necesidad de trabajar no solo en mejorar la cadena de comercialización, sino también en impulsar las capacidades de las y los pescadores para constituirse como cooperativas aliadas.

“Smart Fish nació con la idea de que los pescadores ganen más pescando menos, y así romper el ciclo de sobreexplotación y pobreza en la pesca artesanal”, cuenta Javier, socio y director de la comercializadora.
¿Cómo se traduce eso en la práctica? Nicole, del equipo de Smart Fish, lo explica con un dato simple pero contundente: en México, la pesca fresca para restaurantes y compradores en general suele viajar en avión dos o tres veces por semana, con empaques plásticos específicos exigidos por las aerolíneas.
Smart Fish hace lo contrario. “Nosotros congelamos el producto y lo empacamos al vacío. Lo traemos por tierra, en camiones refrigerados, junto con otros productos congelados, cuidando siempre la cadena de frío y evitando la contaminación cruzada. En lugar de hacer esa ruta tres veces por semana, la hacemos una o dos veces al año, dependiendo del volumen. Eso reduce bastante el impacto logístico”.
Además, Smart Fish implementa prácticas como el ikejime, una técnica tradicional de origen japonés para sacrificar el pescado de forma rápida y humanitaria, que evita el estrés del animal y conserva al máximo la calidad de su carne.
El pago justo a los proveedores como modelo, no como filantropía
Sal de Aquí inició en 2014 en colaboración con la asociación civil Madres Solteras Trabajando en Tláhuac, comercializando principalmente la flor de sal de la Laguna de Cuyutlán, Colima, además de insectos comestibles. Su trabajo se centra en visibilizar la importancia de las prácticas ancestrales de cosecha de la sal: garantiza un pago justo a los productores y ofrece una alternativa natural y menos procesada que la sal industrial.

“Desde que empezamos, seguimos trabajando con los mismos productores de nuestros principales insumos”, cuenta Marisol Pulido, de Sal de Aquí. “Eso nos da una relación de confianza de mucho tiempo y nos ayuda a garantizar abasto y precio”.
Sin embargo, advierte que hay algo más grande en juego que el propio negocio: “Si no apoyamos a este tipo de productores, se va a perder el oficio. Ni la recolección artesanal de sal ni la de insectos comestibles están reguladas ni apoyadas por ningún programa de gobierno. Cuando se desestiman y desaparecen, la gente termina yéndose a buscar trabajo a donde puede: antes, a Estados Unidos; ahora, a cualquier otro lado. Es un tema de soberanía nacional: sin productores no hay productos. Y sus procesos son tradiciones que merecen conservarse”.
Ninguna de estas prácticas es filantropía. Son modelos de negocio que demuestran que es posible construir cadenas de valor rentables sin sacrificar a las comunidades ni al entorno del que dependen. Elegir estos productos es, también, una forma de decidir qué tipo de planeta queremos sostener.
Bats’il Maya, Smart Fish y Sal de Aquí no son casos aislados. Forman parte de un ecosistema más amplio: el catálogo de empresas de impacto de Evolve, que actualmente integra más de 60 emprendimientos en categorías que incluyen alimentos, insumos y servicios ambientales, así como regalos corporativos, talleres, voluntariado y experiencias.
El catálogo está disponible para consulta pública en evolvenetwork.mx/catalogo.

